Somos personas como tú, de todas las esferas de la sociedad, creemos y confesamos que Jesucristo es el Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador; y vivimos agradecidos por ello.
Al creer en Jesús, ponemos nuestra fe en su persona, en su carácter y en la obra perfecta de redención que vino a realizar a la tierra, para unirnos y reconciliarnos con Dios, a través de su sacrifico; creemos que murió y resucitó al tercer día, para ser la justicia perfecta de Dios y solucionar el problema del pecado que nos separaba de Dios.
Creer en Jesús es recibir el perdón y la gracias de Dios, que nos levanta a vivir los mejores años de nuestras vidas.
El cual creó, sostiene y reina sobre todas las cosas: Dios es digno de amor, reverencia y obediencia.
Génesis 1:1
Deuteronomio 6:4
Él ha existido eternamente y se ha revelado a si mismo en tres personas distintas que son: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo con funciones distintas pero todos con la misma persona, naturaleza y perfección en sus atributos.
Inspirados por la guía del Espíritu Santo, fué escrita por autores humanos y es la suprema autoridad del conocimiento que salva, da fe y vida.
Concebido virginalmente por el Espíritu Santo, totalmente Dios y totalmente hombre, que vivió una vida sin pecado, muriendo en sustitución por el pecado del hombre, fué sepultado y resucitado en cuerpo, ascendió a los cielos y regresará otra vez para reinar como Rey de Reyes y Señor de Señores.
Está presente en el mundo para redargüir al hombre de pecado, de juicio y de justicia y hacer consciente al hombre de su necesidad de un Salvador.
El Espíritu Santo vive en cada creyente desde el momento de su salvación.
El Espíritu Santo da al creyente el poder para vivir una vida de victoria sobre el pecado, entender las verdades espirituales y guiarlo a toda la verdad.
Otorga a cada cristiano dones espirituales al ser salvos.
Como hijos de Dios buscamos vivir bajo su autoridad diariamente.
El hombre es creación de Dios.
La humanidad cayó en pecado a través del primer hombre, Adán; el resultado fue una herencia de pecado para todos los hombres y la pérdida de la habilidad de vivir para la gloria de Dios.
El pecado del hombre resultó en la muerte física y espiritual.
El hombre necesita perdón y salvación.
Génesis 1:26-27 Génesis 3:1-24 Isaías 53:6 / 59:1-2 Romanos 3:10-23 / 5:12-15 / 6:33Sólo a través del arrepentimiento, y entrega de nuestra voluntad a Dios, con plena confianza en el Salvador es como Dios ofrece perdón y salvación al hombre
La vida eterna empieza en el momento en que una persona recibe la salvación.
El regalo de Dios es la vida eterna, a través de nuestro Señor Jesucristo, y esté regalo nos da la seguridad eterna de nuestra salvación, la cual es mantenida por el poder y la Gracia de Dios y no por los esfuerzos del creyente.
La Salvación actúa en todo el ser humano y también tiene tres etapas que son:
En el pasado a través de la Cruz, Dios me justifica en mi espíritu, de toda la paga de mi pecado al recibir el sacrificio de Jesucristo en mi lugar; yo me reconozco culpable y recibo gratuitamente la salvación de Dios.
En mi presente, Dios me santifica cada día y va transformando mi alma (emociones, mente y voluntad) con su Palabra, y a través de cambiar mi manera de pensar empieza a cambiar mi manera de vivir, de sentir, de decidir.
Es la manifestación de que soy realmente salvo.
En tiempo futuro, en mi cuerpo...Dios me dará un cuerpo nuevo, exento de la presencia del pecado, en el cual no habrá más enfermedad, ni dolor, ni desgaste cuando esté en su presencia.
Dios perdona todos mis pecados y sana todas mis enfermedades.
Y celebrará en el cielo ser la esposa de Cristo en la familia de Dios.
Está formada por creyentes de toda tribu, lengua y nación, que han sido bautizados en su cuerpo, quienes se reúnen regularmente para adorarle, ministrar, evangelizar, discipular y tener compañerismo.
El cielo es un lugar de existencia real y es donde habita la presencia de Dios.
El matrimonio es idea y diseño de Dios; es la unión entre un hombre y una mujer en un pacto que dura toda la vida.
El esposo y la esposa son de igual valor ante Dios.
Los hijos deben ser educados en el temor de Dios.
Génesis 2:18-24